Un mito en nuestro subconsciente

Se presenta en Locarno el segundo largometraje de Lupe Pérez García, un film experimental que hace una lectura abstracta de la tragedia de Sófocles

Fotograma 1-41

Los 63 minutos de esta película, que se sitúa con orgullo en el borde de lo cinematográfico, dejan al espectador confundido, sorprendido y ligeramente desconcertado: por la pantalla han pasado todo tipo de seres y narrativas, no se ha seguido una línea argumental lógica e incluso lo impostado ha campado a sus anchas. Ante un espectáculo así, de nada sirve el análisis racional y este crítico decidió dejar transcurrir unas horas para ver qué efectos provocaban en su cerebro las imágenes que la directora argentina afincada en España había filmado.

Un día después esos fogonazos siguen resonando en la retina: buitres que se arremolinan para comer algo, tal vez un cuerpo, mientras una mujer se acerca a ellos; un motorista que confiesa a cámara cómo descubrió su pasión tras bordear la muerte; unos niños que juegan con un bicho mientras una luz de tono onírico les rodea; un castillo donde se alternan los visitantes con las figuras clásicas de una leyenda inmortal o un dromedario que deambula por un desierto español donde se representa el enfrentamiento bélico entre rusos y alemanes.

Todo esto -y mucho más- es esta Antígona despierta [+], de Lupe Pérez García, que llega a la sección no competitiva Signs of Life del Festival de Locarno como prólogo a un seguro deambular futuro de la cinta por festivales que apuestan por narrativas alternativas, poco convencionales y arriesgadas. Con financiación de Toma 78 (la misma que lanzó el éxito Mamá [+], de Andrés Muschietti), producción (Labyrint Films) y fotografía de Juan Barrero, quien sorprendió en Venecia y Sevilla con La jungla interior [+], y protagonismo, como en esa película, de Gala Pérez Iñesta, es éste el segundo largo (tras Diario argentino, de 2006) de una directora curtida en el videoarte y el montaje (El cielo giraEl quadern de fang). Un proyecto que nació a raíz de la imposibilidad de poder llevar a cabo una adaptación de alto presupuesto de Antígona en la Patagonia, pero que finalmente se ha hecho real, de una forma familiar y con un reducido equipo, en los páramos casi marcianos de la provincia de Huesca.

Porque la tierra y sus animales se adueñan de lo que se muestra: sobre la marcha, se incluyeron personajes reales que pasaban cerca del rodaje, rostros que miraban y vivencias -espoleadas por el mito de Antígona- que son narradas a cámara: los límites de la ficción, lo experimental y el documental saltan por los aires sin pudor. Mientras un personaje tan ambiguo como el inmortalizado por Sófocles asume el protagonismo, otros actores no profesionales ofrecen el contrapunto de naturalidad preciso para provocar esa misma ambivalencia en la observación del público.

La libertad que supuso un rodaje a tan pequeña escala -seis técnicos, durante ocho días del pasado mes de marzo- acaba impregnando esta aventura cinematográfica, donde la realidad se apodera del objetivo de la cámara en un collage que recuerda las vidas de santos de Pasolini y deja un extraño poso, con suficiente capacidad para remover el inconsciente del espectador.

Alfonso Rivera para Cineuropa

http://cineuropa.org/nw.aspx?t=newsdetail&l=es&did=261547

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