La injusticia

Fotograma 1-49En mi penúltimo día de festival, sin haber descubierto aún ninguna obra maestra —creo recordar que el año pasado a éstas alturas mi retina ya había sido deleitada con la espléndida Norte, the end of History (Norte, hangganan ng kasaysayan, 2013, Lav Diaz)— tengo el placer de asistir a Antígona despierta (2014), una propuesta tan complaciente como interesante. Revisitando la tragedia clásica de Sófocles, la directora Lupe Pérez García —que realiza con éste film su segundo largometraje tras el documental Diario argentino (2007)—, nos presenta a una Antígona a la que según la propia directora no ha visto nunca como una heroína, sino como alguien que ha devenido un antihéroe por desafiar la ley para así priorizar la dignidad y lo racional. Pero ésta Antígona contemporánea no tiene cabida en la actualidad, es una especie de espectro andante que vaga por el vacío de un sentimiento ajeno a toda la sociedad existente. Es la voz de la injusticia, pero una injusticia que no incumbe a nada ni a nadie, una injusticia que se ha quedado empequeñecida en si misma, anulada por los tiempos en los que habitamos.

Por eso ése título, Antígona despierta, una especie de sentencia que es pronunciada firmemente por un genial Edipo contemporáneo que parece condenar a Antígona con su voz, haciéndola despertar de su sueño eterno. Y con ella, despierta también un espectador hipnotizado por la lírica y la armonía que llega a transmitir tal ejercicio cinematográfico. Aunque es una poética alterada por la ordinariez de la España en la que despertamos, pues Pérez García construye un país donde habitan falsos soldados que actúan en recreaciones históricas (donde encontramos a los hermanos desencadenantes del conflicto, Eteocles y Polinices), moteros que viven su vida como si se acabara mañana, o grotescos pero entrañables expertos en buitres que conforman la historia a partir de sus propias vivencias y no a partir del conflicto ya existente.

El filme recuerda en su aspecto contemplativo a la magistral Post tenebrosa lux (2013, Carlos Reygadas), mística y terrenal a la vez, pero en su aspecto narrativo llega a recordar a El juego de la guerra (The war game, 1965, Peter Watkins) por su juego con el formato documental, o a la extraordinaria Aquel querido mes de agosto (Aquele querido mês de Agosto, 2008, Miguel Gomes) por su alternancia entre realidades y ficciones y su juego entre cotidianidad y poética. Antígona despierta no es una película ni mucho menos perfecta, pero es más que sobresaliente como ejercicio cinematográfico. Es cercana en contenido y en su discurso e inunda tus ojos de una belleza pura y nada artificial. Sin encontrar aún la obra maestra que ando buscando, parece que Antígona despierta al menos ha conseguido guiarme hacia una senda correcta.

Joan Pàmies para 400films.com

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